

Análisis
El Samsung Galaxy S25 FE es uno de esos móviles que llegan para ocupar ese espacio incómodo: casi flagship sin serlo, pero sin renunciar a lo importante. A estos 447 euros, el precio empieza a tener sentido.
Qué destaca: el diseño es limpio con ese marco de 7,5mm que lo hace ligero de llevar. La pantalla FHD+ de 6,7" es grande sin ser absurda, y aunque no es la máxima resolución, en día a día no vas a echar de menos 120Hz si no vienes de móviles premium. El Exynos 2400 es el procesador que todos esperaban que fuera más competitivo, y en tareas generales (redes sociales, vídeos, navegación) tira sin problemas. Los 8GB de RAM bastan para multitarea normal.
La cámara de 50MP no es nada del otro mundo, pero Samsung ha pulido bien el procesamiento de imagen. En condiciones de luz decente saca fotos detalladas; de noche es donde nota que no es un sensor premium. Lo de la IA integrada es más marketing que función realidad útil, pero vaya, al menos está ahí.
Pegas: 60Hz en pantalla es una merma notable si pasas mucho tiempo scrolling. Sin cargador en la caja (sí, Samsung lo sigue haciendo). La batería de 4.000mAh te lleva un día con uso moderado, pero nada excepcional.
La sorpresa agradable aquí es la garantía: 3 años de fabricante más 1 extra. En esta gama es inusual y suma tranquilidad.
Para quién: perfecto si necesitas un móvil competente sin obsesionarte con las especificaciones tope-tope. Quien quiera gaming potente o fotografía profesional, necesita buscar otra cosa.
Merece la pena al precio actual porque lo ves a precio PVP de móviles menos ambiciosos. El descuento es real y sostenido.